domingo, 24 de mayo de 2020

Al hilo de... La relativa protección del plástico. Alberto Vizcaíno

Hace unas fechas comentaba el varapalo que había supuesto para el abandono del plástico en el que estábamos la presente pandemia, que nos había echado en brazos del plástico protector frente al virus. No obstante, esa lucha no se detenía, aunque tuviéramos que volver a empezarla desde mucho más atrás.
El artículo publicado en el diario Público por Alberto Vizcaíno, que comento y enlazo, es un buen ejemplo de ese trabajo que debe continuar y aumentar.





Razonemos el uso que hacemos de los plásticos para protegernos frente al coronavirus y racionemos éste, porque, como tantas veces, hay alternativas y no todas las ventajas son ciertas.
Como se apunta en el artículo, no podemos aislarnos del mundo en plástico -que también puede mantener el virus en su superficie durante un tiempo-, ni, por ejemplo, utilizar guantes en todo y para todo -como apunta el Ministerio de Sanidad- y debemos utilizar alternativas más sencillas y eficaces, como el simple lavado de manos, su desinfección con geles hidroalcohólicos o, la que más vidas habrá salvado, mantener la distancia social en todo momento -o evitar siempre cualquier tipo de aglomeración. Tampoco podemos caer en el absurdo y pretender realizar actividades a cualquier precio, aunque sea, como se cita, tumbarse en la playa empaquetado entre mamparas de plástico.

Desgraciadamente tenemos que combatir este virus con todas las armas posibles, que en muchos casos tendrán consecuencias posteriores, pero no podemos salir de una a costa de empeorar otra, y el consumo de petróleo para fabricar tanto plástico además de los residuos ingentes que no sabremos evitar, nos empujan, una vez más, a actuar de manera inteligente.

domingo, 10 de mayo de 2020

Apuntes para un libro vivo. Veamos las cosas friamente

La inmensa cantidad de información que recibimos a diario -mucho mayor en estas semanas- junto a las prisas que nos marca nuestro sistema de vida, nos hacen recibir noticias que caducarán en horas y que pasan sin que nos dé tiempo a pararnos un momento, analizarlas con frialdad y calma y sacar el verdadero sentido que tienen.
A veces, quizá, habría que cogerlas y desmenuzarlas de manera muy sencilla, incluso con preguntas tontas, para asimilar lo que de verdad significan.
Tomemos un ejemplo.

Debido a las aglomeraciones de una gran ciudad como Madrid durante los horarios en que podemos pasear o hacer deporte, dentro de la suavización en el confinamiento que tenemos por la pandemia del coronavirus, y que pueden provocar contagios de este virus, su Ayuntamiento decidió el pasado viernes peatonalizar de ocho de la mañana a diez de la noche durante los próximos sábados, domingos y festivos, un total de 19 kilómetros en diferentes tramos de calles tan relevantes como el Paseo de la Castellana, la Calle Mayor, Fuencarral, Goya, Bravo Murillo... En total 235.000 metros cuadrados estarán cerrados al tráfico rodado.

Empecemos a hacer preguntas aparentemente tontas:
-¿para qué se toma esta medida?
-para que las personas no enfermen por el coronavirus, sufran, se vuelva a colapsar el sistema sanitario, e, incluso, puedan morir
Estamos, por lo tanto, ante una medida que beneficia la salud pública en general y perjudica a quien quiere desplazarse en coche por esas vías y en esos horarios.
Criterios de salud pública que se imponen a criterios de movilidad e, incluso, económicos -personas que no pueden acceder en su propio vehículo a realizar compras... ¿De qué me suena a mí ésto? Sí, Madrid Central, 472 hectáreas con el tráfico rodado restringido y con la intención de reducir, como así ocurrió, la contaminación en la capital de España.
Aquella medida recibió críticas de todo tipo y desde casi todos sitios -incluida la persona que ahora ha aprobado la peatonalización de esas calles ("Es urgente acabar con Madrid Central", declaraba hace casi un año en Telemadrid, su actual alcalde)
Es obvio que hay diferencias entre una medida y otra, pero sólo en lo superficial -calles ahora, en lugar de un área urbana, extensión de superficie peatonalizada, duración de la medida- pero el fondo es el mismo: reducir la movilidad, pese a quien pese, para salvar vidas.

-¿por qué la misma persona se enfreta completamente a una  medida y aprueba otra?
-porque detrás de la aprobada hay miles de muertos -con residencias geriátricas diezmadas, espacios especiales para acumular ataudes, etc. etc.-, muchos miles de personas y profesionales sanitarios enfermos y gravísimos daños para la economía, que un rebrote podría aumentar
-¿la contaminación urbana no produce esos efectos?
-según los ignorantes, no. Desde aquel señor que frente a la cámara se preguntaba reiteradamente "¿dónde está la contaminación, que no la veo?" y que es de suponer que ahora estará muy tranquilo, porque tampoco verá al coronavirus, hasta la mismísima máxima responsable de la salud pública de las personas que viven en la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso y su tristemente famoso "nadie ha muerto tampoco de ésto" referido a la contaminación en una entrevista en la SER el 2 de enero de este año. Pero según la realidad, la contaminación urbana mata todos los años, sólo en Madrid, a miles de personas, enferma a muchas más y produce importantes daños económicos.

-¿por qué hay, entonces, esa radical diferencia en la forma de actuar?
-puede resultar increíble, pero se ve a menudo en muchas otras situaciones. No me cabe duda de que si al final de un año se colocaran en un pabellón público de Madrid los ataúdes de las personas que han muerto prematuramente en Madrid debido a la contaminación urbana o estas muertes ocurrieran en unas cuantas semanas, en lugar de, discretamente, a lo largo de todo el año, Madrid Central sería exigido por la mayoría de sus habitantes e, incluso, por la mayoría de sus dirigentes. Se podría resumir brevísimamente con este refrán: Ojos que no ven, corazón que no siente -o mente que no razona, digo yo.
Es la sutil y trágica diferencia que hace que, a nivel global, destruyamos el medio ambiente y nuestro futuro.

domingo, 26 de abril de 2020

Apuntes para un libro vivo. El triunfo de los plásticos

Llevamos hablando estas semanas -paralelamente al desastre sanitario y socioeconómico- de cielos limpios, canales cristalinos... y malos tiempos para el medio ambiente y, por lo tanto, la salud.
Pero de lo que podemos hablar con contundencia y seguridad, y sin acudir a ningún estudio o informe -que empieza a haberlos- es que esta pandemia va a aumentar exponencialmente la utilización de plásticos -y no de manera pasajera-, va a aumentar la contaminación que con ellos se produce y va a acabar con los pequeños avances que se habían obtenido en la concienciación sobre su consumo.

El plástico se han convertido estas semanas en un aliado, cuando no un amigo. Nos hemos aislado personalmente pero también queremos tener aislado todo lo que tocamos. Las cosas que compramos, cuanto más envueltas, mejor, y el plástico es el elemento ideal para envolverlas.
De ahora en adelante -no sabemos por cuantos meses, como mínimo- seguiremos protegiéndonos de un enemigo invisible con guantes, casi siempre de plástico: cada vez que pasemos a hacer una compra, nos pondremos guantes de plástico -como estamos haciendo-, satisfechos, por otra parte, de ir protegidos. Guantes que, al salir, tenemos que arrojar en un contenedor... ¿Dónde irá todo ese plástico? ¿Lo reciclará alguien? ¿Se pueden reciclar, suponiendo que pueden estar contaminados con un virus? ¿Irá todo a la basura, entre otras cosas porque es más fácil, y de ahí a la naturaleza, al mar o a los ríos?
No quiero dar ideas, pero es muy posible que los restaurantes y bares que hasta ahora utilizaban cubiertos, manteles y servilletas de "verdad" -no de plástico y papel- sean obligados por Ley y por Sanidad a utilizar desechables -que aumentarán el cubo de la basura junto a los restos de comida, ninguna duda me cabe.
En estos tiempos en que lo inmediato está por encima de todo lo demás, hasta el principal logro conseguido en los últimos tiempos sobre el uso y abuso de plásticos y los objetos de usar y tirar, se pone en duda: las bolsas reutilizables, que pueden llevar enganchado un virus, que habría que desinfectar cada vez...
A la par, inmensas cantidades de plástico se estarán utilizando en los embalajes que recorren medio mundo conteniendo "material sanitario". Y no sé cuanto más plástico formará parte de esos equipos protectores, casi siempre de usar y tirar, además de otros recursos, provenientes o no del petróleo utilizados para otro tipo de guantes, mascarillas, etc. etc., con previsible destino en convertirse en "basuraleza"

Es lo que toca, ¿no? Es una emergencia... dentro de otra mucho mayor a la que no se hace caso, como no se hizo a las advertencias sobre la aparición segura de una pandemia, a no mucho tardar, por parte institiuciones sanitarias -en varias ocasiones, y la última, la OMS hace un año- Era preferible, mientras se ninguneaba el problema del cambio climático, convertir en principal y único problema para nuestra sociedad el terrorismo islamista, con lo que recortar de a pocos nuestros derechos ciudadanos y disparar el comercio de armas.
Pese a esa vuelta atrás respecto al uso del plástico -con sus graves consecuencias medioambientales- y, posiblemente, muchísimo esfuerzo para nada, cierro con mensaje optimista: ese otro "Resistiré" de larguísimo recorrido -tantas veces única herramienta- para cambiar de nuevo las cosas, esta vez para bien. 

domingo, 19 de abril de 2020

Apuntes para un libro vivo. Los virus que nos trae maltratar al medio ambiente

Hace unas semanas traía a este blog una reseña sobre la directa relación entre pandemias como la que estamos sufriendo y la destrucción a la que sometemos al medio ambiente.

No es una cuestión anecdótica y va mucho más allá de tener o no tener razón en lo que se piensa. Simplemente estamos hablando de formas de evitar catástrofes como la actual, de, como trataba el libro, dejarnos ayudar por el medio ambiente, sencillamente protegiéndolo y respetándolo, para no enfangarnos como lo estamos haciendo con crisis sanitarias y socioeconómicas evitables.

Los virus no tienen patas, están muy tranquilos donde están y alguien o algo los tiene que sacar "a la luz"
En meses pasados la organización WWF publicaba una imagen suficientemente clara de cómo estamos "despertando" y trasladando a estos virus hasta nuestra misma cocina, y la tomo prestada para ilustrar esta entrada y ahorrar algunas explicaciones.
Si bien siempre ha habido epidemias y los virus han pasado a los humanos a través de los animales, el 70% de las enfermedades que han surgido en los últimos cuarenta años provienen de infecciones animales. Nos acercamos a los virus y ellos llegan a nosotros. ¿Por qué?

La desforestación y la pérdida de biodiversidad son capitales en este acercamiento. Destruimos bosques y selvas donde se encuentran estos virus o muy cerca de ellos y pasamos a ocupar esos territorios, con nuestras explotaciones agrícolas o ganaderas, o nuestros asentamientos urbanos. La Agencia de Desarrollo de Estados Unidos relaciona brotes de virus como el Zikah, Ébola y Nipah con el cambio de uso de la tierra. La disminución de la masa forestal acaba con barreras ante los reservorios naturales de esos virus y nos pone más cerca los hospedadores -animales intermedios- que nos pueden contagiar, además de obligar a las distintas especies a convivir en menor espacio, lo que puede deparar nuevos virus.
De la misma manera, nuestra tendencia a la simplificación con una reducción variedades de plantas y animales -con la imparable desaparición de especies- facilita la expansión de los virus, como la uniformidad de especies en un bosque facilita que el fuego se extienda en un incendio.

El cambio climático también es fundamental en esta expansión. De una parte el aumento en el número e intensidad  de "desastres naturales" destruye bosques y lo que contienen se trasladará hasta nosotros con las posteriores lluvias torrenciales e inundaciones. Por otra, la fusión de los hielos aflora virus desconocidos -28 virus desconocidos

domingo, 12 de abril de 2020

Apuntes para un libro vivo. El virus que desenmascaró a los mentirosos

Hablaba hace dos semanas de que venían malos tiempos -peores, por lo tanto- para el medio ambiente. Aunque las abrumadoras noticias sobre la pandemia parecen no dejar hueco a más información, va surgiendo otras que describen muy bien el futuro que nos puede esperar.
El Covid-19 representa, sin duda, esa ocasión que muchos -gobiernos, empresas, instituciones, personas- estaban esperando para frenar e, incluso, echar para atrás los logros medioambientales conseguidos.
Todos ellos, y es de lo que se trata ahora, salvo algunas excepciones que es fácil imaginar, han venido mostrando, desde hace años, "un firme compromiso en la defensa del medio ambiente y la naturaleza, la lucha contra el cambio climático y todos los bla, bla, bla, que se quieran"

Era la moda, era lo rentable. Invertir en publicidad "verde", crear imagen hasta "ecologista", ponerse -el cinismo no suele conocer límites- como ejemplo de protectores del medio ambiente o, casi casi, inventores de su defensa.
Luego se hacía lo que se quería, siempre con la máscara del ecologismo y "lo verde".
Pero este virus está tirando muchas de esas caretas al suelo y cada cual acaba mostrándose como es. Si la defensa de la naturaleza ofrecía dividendos, ahora puede ofrecer más su aparcamiento en pos de la recuperación mundial, de la lucha contra la crisis económica, el progreso humano y todos los bla, bla, bla que se quieran.

Estados Unidos, con más de medio millón de contagiados y 20.000 muertos en el momento de escribir ésto, que está ofreciendo una pésima imagen de lucha contra la pandemia -pese a haber dispuesto de mucho tiempo para aprender de errores ajenos- encuentra la fórmula mágica para sacar cabeza desbloqueando la construcción de un oleoducto -aunque fue prohibido en 2015 por su grave impacto medioambiental- para dar empleo y relanzar las economía -lo que ocurrirá, al parecer, sólo durante su construcción- .
La lucha contra el cambio climático, a la que prácticamente nadie en Europa se opone, puede esperar, según la industria automovilística -que, no obstante, seguirá vendiéndonos las maravillas ecológicas del coche eléctrico que también producirán- para relanzar el sector -resulta más sarcástico aún el patrocinio por parte de Reanult-Nissan de la Cumbre del Clima de París.
Veladamente o no, son también organizaciones políticas europeas, en este caso del lado derecho del panorama político, las que abogan por cambios en las políticas o los dineros medioambientales. Sin duda será difícil encontrar entre ellas muchas que no celebrarán el Acuerdo de París -si es que acaso no estuvieron en su firma.
Caen las caretas y se sigue abriendo un panorama que nos aboca a nuevos desastres sanitarios y socioecónomicos.

domingo, 5 de abril de 2020

Apuntes para un libro vivo. Cosas que sólo pasan en las películas

30 de marzo de 2002.
-¿Qué hiciste anoche?
-Pues estuve en el cine... ¿Sabes qué película vi? Pues una de éstas de ciencia ficción pero que pasaba dentro de poco... Era de esto del cambio climático... Que cada vez había más huracanes, inundaciones... Bueno, que cada vez eran peores. Y subía el nivel del mar y había grandes ciudades que se iban inundando. O llovía un montón o había sequías. Y en países pobres la gente huía hacia el norte y no se sabía qué hacer con tantos refugiados. Había guerras porque unos se enfrentaban con otros por las tierras fértiles. Todo estaba contaminado, había ciudades donde tenían que ir con mascarillas todo el tiempo... La verdad, me quedé preocupado.
-No te preocupes, eso no puede ocurrir; si fuera posible, ya harían algo para evitarlo. Esas cosas sólo pasan en las películas.

22 de febrero de 2019
-¿Qué hiciste anoche?
-Pues estuve en el cine... ¿Sabes qué película vi? Pues una que surgía un virus en China... pero de estos de la gripe, vamos, que te pasaba lo normal como cuando tienes la gripe, pero había gente que se moría. Y se contagiaba muy fácil y en unas semanas está por todo el mundo. Y hay tanta gente enferma, y tantos muertos, que prohíben salir a la calle en todas partes. Está todo el mundo en sus casas y en los hospitales no dan abasto. Fíjate, se quedan hasta sin mascarillas y tienen que amontonar los ataúdes en pabellones... ¿Te imaginas que pasara eso?
-No te preocupes, vaya cosas que ves, si pasara algo así lo controlarían enseguida, con lo avanzado que está todo. Esas cosas sólo pasan en las películas.

domingo, 29 de marzo de 2020

Apuntes para un libro vivo. Malos tiempos para el medio ambiente

Si bien ya se ha reseñado suficientemente cómo nuestro confinamiento y el parón industrial están limpiando el aire, el agua, dejando descansar un poco a la naturaleza y a los animales, el período que vendrá tras la resolución -aunque sea parcial- de esta crisis sanitaria, con la consiguiente crisis socioeconómica, amenaza con darle otro duro golpe al medio ambiente.
Antes que nada, por enésima vez, y las que hagan falta, hay que recordar que esa expresión que he utilizado, darle otro duro golpe al medio ambiente, conlleva darle un duro, durísimo golpe, al bienestar humano, a la salud humana, al futuro y al desarrollo humano.

Lo poco que había calado en nuestra sociedad -con todo lo que ha costado- que proteger el medio ambiente es fundamental para nuestra existencia y nuestra existencia digna -a pesar de que las consecuencias de la degradación medioambiental, aun siendo mucho peores, no son tan evidentes y fulgurantes como las de un virus- se puede ir al traste ante lo inmediato, lo urgente...
Todos los recursos, durante mucho tiempo, irán directamente a los daños sanitarios de esta crisis y a tratar de paliar la crisis económica en que nos ha/hemos metido. De la misma manera que el Tercer Mundo pasará más aún a un plano inferior, lo harán las inversiones en esa transición energética que, no sin intereses espúreos incorporados, se estaba tratando de llevar a cabo. Invertir dinero en recuperar un bosque, una marisma, por ejemplo, resultará una indecencia, ante gastos que compensen la millonada que se nos está yendo en mascarillas, guantes y demás, por mucho que esas otras acciones deparen un mundo más saludable.
No se reparará en gastos, y en daños, que "refloten" la economía: petróleo, carbón, todo lo que, inmediatamente, aporte señales de que no se hunde la economía. De la misma manera, recurriremos de nuevo a la supuesta fórmula mágica que nos saca de las crisis económicas -la única que parecemos conocer por como hemos montado el mundo-: el aumento feroz del consumo... de consumo de recursos, ni siquiera del consumo de servicios.

Toda esta reflexión la provoca la noticia de que Estados Unidos ha suspendido la aplicación de leyes medioambientales ante la petición de petroleras y de la industria para frenar los efectos negativos en la economía de la expansión del coronavirus.
Bendito virus, habrán celebrado para sus adentros, aunque la suspensión de esas medidas creen contaminación, animen los efectos del cambio climático y -nadie lo contabilizará nunca- quizá maten mucho más que el coronavirus lo está haciendo.

Hidrógeno verde, una revolución que cambia poco

La primera vez que escribí en Raíz y Rama fue en 2020 y lo hice sobre el coche eléctrico, entonces y ahora uno de los baluartes de la tra...