Mostrando entradas con la etiqueta Apuntes para un libro vivo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Apuntes para un libro vivo. Mostrar todas las entradas

domingo, 12 de noviembre de 2023

Lo que no quieras para ti

El Tribunal Superior de Galicia paraliza la explotación de la única mina de coltán de Europa en Viana do Bolo (Ourense) era un titular que nos encontrábamos hace menos de un mes, lo cual debería de llenar de alegría a toda las personas que se preocupan por el medio ambiente y un planeta saludable... pero, en el punto y momento al que hemos llegado la cosa es mucho más complicada.

La mina en cuestión es la única en el suelo de Europa, un continente que, como en general el mundo desarrollado y el que está desarrollándose, necesita un flujo continuo y creciente de minerales como el coltán y muchos otros. Sin entrar al detalle de los males que esa explotación minera ha provocado y provocaría en la comarca gallega en cuestión son, seguramente, parecidos o inferiores a los que provoca cualquier otra actividad minera en cualquier otra parte del mundo. En los últimos años la población de muchas regiones de España, como es completamente comprensible, se ha opuesto con uñas y dientes a actividades mineras o industriales que, aunque nos abastecerían de recursos y energía, podían causar gravísimos daños al lugar en el que vivimos y a nuestra propia salud (La Mancha es un buen ejemplo que conozco, con su oposición al cementerio nuclear, el fracking y la explotación de tierras raras, pero esto afecta cualquier lugar de España). Salvo casos aislados, nunca ha habido ninguna objeción efectiva a seguir consumiendo todo lo que podía salir de esas actividades mientras provengan de otros lugares que ni conocemos ni queremos conocer.

Sin ir más lejos, el denostado fracking que nadie quiere en su territorio lleva calentándonos más de un año tras la crisis de hidrocarburos por la guerra de Ucrania y la plena disposición de Estados Unidos a vender a la "pobre" Europa el gas de sus innumerables explotaciones de gas de esquisto. Pero nuestro día a día sigue siendo posible gracias a un sinfín de materias primas, que cada vez consumimos más, que provienen de países en los que su extracción garantiza a sus territorios y a las personas que lo habitan destrucción de hábitats y biodiversidad, contaminación de aire, suelo y agua y graves riesgos para la salud.

Lugares como el Congo van quedando huecos, con descomunales minas a cielo abierto que quedarán así -tras su deforestación- por los siglos de los siglos, mientras sus aguas correrán envenenadas y cientos de miles de sus habitantes guardarán en su organismo restos de cobalto, uranio u otros componentes que escondía la tierra y ahora consumimos en el Primer Mundo. En países así no hay tribunales que paralicen nada, ni estudios previos ni medidas sanitarias.

Los angloparlantes dicen el equivalente a "no en mi patio trasero", aquí podríamos utilizar el refrán "lo que no quieras para ti, no lo quieras para nadie" pero la realidad es la misma: no podemos permitir riesgos para nosotros y los nuestros, para nuestra tierra y nuestro futuro para obtener recursos que utilizamos corrientemente, muchas veces sin medida, y que son la base de una manera de vivir... pero no hacemos ningún esfuerzo porque esa manera de vivir cambie a otra en la que nadie tenga que sufrir ni por su bien ni, sobre todo, por el de otro.

Pero, como decía, estamos en un tiempo y en un lugar. Consumir lo que tienen o producen en África u Oriente ya no basta, o depender de ello nos pone en un brete que puede hacer colapsar nuestra sociedades -la guerra de Ucrania nos lo ha dejado meridianamente claro- o ponernos de rodillas. Dejar en su sitio nuestros recursos era hasta ahora un lujo que nos podíamos permitir pero pasó ese tiempo y ahora sólo quedan dos opciones, queramos o no, por muy dolorosas que éstas sean, por mucho que nos enfrenten a una terrible contradicción: o cambiamos la manera de hacer y vivir -un vuelco radical con muchísimas consecuencias, que nadie lo dude- o sacrificamos gran parte de nuestra naturaleza, medio ambiente, campiñas, bosques, ríos y mares y hasta parte de nuestra salud. Quien no quiera verlo así, esté en el lado que esté... lo acabará viendo muy pronto.

domingo, 30 de julio de 2023

Nos vamos enterando de lo que de verdad importa

En las recientes elecciones generales uno de los principales partidos se presentaba con el lema "Vota lo que importa". Lo que importa, lo que de verdad importa a la gente, lo que realmente es importante ha sido un argumento, más allá de ideologías o del mundo político, para centrarse en determinados temas generales, pretendiendo ignorar otros que de esa manera se menospreciaban por no ser tan importantes o, simplemente, carecer de importancia.

Lo importante era el sueldo que se ganaba, el coste de la vivienda, disponer de empleo, la seguridad, la salud... y todo ello se contraponía a lo que desde algunas disciplinas, organizaciones o personas se pretendía que pasara a estar en el centro del debate y de la acción de la sociedad. El patito feo de todo ello era cualquier cosa relacionada con la protección y defensa del medio ambiente y muy especialmente todo lo que oliera a ecologismo, destacando como distraedor especial de lo importante, el cambio climático.

Como digo, no era ya que la protección de un humedal, la deforestación o controlar la calidad del aire fueran temas secundarios, sino que iban contra lo importante: mantener un humedal -¿para qué era bueno eso?- restaba posibilidades de regadío a la agricultura, conservar una arboleda podía frenar un gran proyecto urbanístico -y sus correspondientes puestos de trabajo, aumento del PIB, etc. etc.- y controlar la calidad del aire, subiendo un poco el tono, podía ir hasta contra la libertad del individuo de desplazarse como quisiera.

Hubiera sido interesante confrontar con los defensores de ese lema, Vota lo importante, y preguntarles si la salud no es importante. La salud que mella la polución en las ciudades, la contaminación del agua que bebemos... Pero más allá, les podíamos haber preguntado si no es importante el empleo, el disponer de alimentos, el mantener abierto un negocio y una empresa y, me temo, ahí hubiéramos visto -en las caras de esos políticos, pero en la de muchos otros de otros partidos, en la de empresarios, sindicalistas, y muchísima gente normal- un gesto como si les estuviéramos tomando el pelo. Porque sí, se puede relacionar la salud humana y la del medio ambiente pero ¿lo demás?

Pero sí, vamos a ir entendiendo esa relación, pero rememorando el la letra con sangre entra, porque lo vamos entendiendo a base de nuestras desgracias, mientras hemos ignorado durante mucho tiempo la de otros. Empezamos a entender que hemos puesto patas arriba el clima y el calor es aplastante en abril, se pasan los meses sin llover, y luego llueve en junio, y nos quedamos sin melones y sandías, y la cosecha de cereales es desastrosa, y la vendimia se adelanta una barbaridad. Que los monzones se hayan retrasado un mes y la India, gran exportadora mundial de arroz no suelte un grano... lo mismo todavía no nos llega, aunque les llegará trágicamente a otros, pero se une a los síntomas de que se está poniendo en jaque nada más y nada menos que nuestra comida diaria.

La hostelería, que tanto celebraba el mal llamado buen tiempo, se queja de menos comidas servidas por el tremendo calor, las playas mediterráneas -con la temperatura de los mares enloquecidas- van perdiendo su atractivo refrescante y las altas temperaturas en países que nos enviaban turistas a millones les hace a ellos más interesantes sus propias playas. ¿Se me verá como un pajarraco negro si me atrevo a preguntar por cuánto tiempo falta para que el gran motor de la economía nacional, el turismo, empiece a calarse?

Pasado el susto de Ucrania, Putin... parecemos seguros en nuestro consumo energético -muy caro, eso sí- y no parece haber más restricción que la económica de cada cual pero, aunque pasan inadvertidas, se suceden noticias de graves carencias de energía en grandes países -Sudáfrica, Bangladesh, Pakistán- o crisis alimentarias que van mas allá de las tradicionales -la pobre gente del Cuerno de África que nos remueve a veces la conciencia pero no altera el mundo- pueden hacer explotar grandes países -como Nigeria y sus 242 millones de habitantes- amenazando con tambalear el mundo como lo conocemos.

Nos vamos enterando, a golpes, de lo importante que es un medio ambiente y una naturaleza equilibrado y sano para que comamos, bebamos, respiremos... ¿o eso es menos importante que poder cambiar de coche o móvil con frecuencia, irse de vacaciones al otro lado del mundo o hasta tomar una cerveza en una terraza? Nos cuesta y nos costará seguir entendiendo que cada paso contra la naturaleza será un paso contra nuestros medios de vida, tener una vivienda digna o mantener un negocio.

Todo lo que tardemos en entenderlo definitivamente, sin librarnos del proceso irreversible que iniciamos hace tiempo y alimentamos con este malentendido, será sufrimiento a nuestras espaldas, que nos hará llegar cansados a los tiempos que ya están y vendrán. Y, para qué negarlo, mal pinta que sigamos avanzando en nuestro entendimiento cuando a cada vez mas frecuentes y largas sequías se enfrenta el querer llevar al agotamiento nuestros recursos hídricos -Doñana, La Mancha- o se pierde el tiempo vendiendo tecnologías maravillosas sin profundizar en ellas o, ante más días de calor, oponemos talas de árboles.

No te quieres enterar, decía la canción, pero nos enteraremos. Esperemos no perder más tiempo del que hemos perdido y que nos ha llevado donde estamos, en esa confusión de qué era y no era importante.

domingo, 19 de marzo de 2023

El dinero, la principal (o la única) razón

Resulta difícil ahora mismo, sea en una ciudad, pueblo, polígono industrial o hasta edificios públicos, no ver múltiples tejados cubiertos total o parcialmente por paneles solares, aprovechando así la energía descomunal y gratuita que recibimos continuamente del Sol. Era esto, la necesidad de desarrollar masivamente energías alternativas, menos sucias, para frenar las desastrosas emisiones de CO2 y reducir el consumo de combustibles que se están agotando, una reclamación de ecologistas, científicos y demás gente con raciocinio que se venía haciendo desde hacía décadas. Así que podemos deducir que, por fin, se ha hecho la luz en los cerebros de nuestra sociedad y hemos cogido un camino que será bueno para el común de la gente y el planeta.

Pues no.

Esa "luz" se ha hecho presionados por una descontrolada subida de precios de la electricidad, el gas, etc. etc. por un cúmulo de causas y que ha hecho un agujero en las economías domésticas, empresariales e institucionales. No se ha pretendido, en la mayoría de los casos, frenar el cambio climático, el agotamiento de recursos, la mortífera contaminación, el deterioro desbocado de la naturaleza... Sólo se ha buscado ahorrar dinero con lo que no es arriesgado afirmar que en el improbable caso de que descendieran los precios de la energía hasta no hacer rentable las instalaciones fotovoltaicas se frenaría la proliferación de paneles en nuestros tejados, seguramente hasta pararse en seco.

Conclusión, y no suele ser el caso que, tras dos párrafos se obtenga una conclusión, pero aquí está claro, sólo tomaremos medidas para defender el medio ambiente, la naturaleza y el planeta si existe un beneficio económico. Cien razones para hacerlo no valdrán tanto como una sola económica.

Este blog se creó para desarrollar y actualizar los temas que trataba en mi libro Todo lo que el medio ambiente puede hacer por ti. El medio ambiente como solución donde, precisamente, la idea básica era ésa: que un medio ambiente en buenas condiciones nos ofrecía ventajas reales, cotidianas y tangibles a nuestros problemas reales, cotidianos y tangibles como creación de empleo, ahorro económico, salud, etc. etc. etc. ... además de evitar llevarnos al desastre. Y está claro: o notamos en nuestro bolsillo que el esfuerzo -muchas veces muy liviano- de defender el medio ambiente nos tiene cuenta o sufriremos en nuestro bolsillo, nuestro cuerpo y nuestra mente el no hacerlo.

Leía hace poco en la última edición de la impagable publicación Ballena Blanca un artículo de Aniol Esteban, economista ambiental y biólogo marino, sobre la contabilidad del capital natural. Participó en el estudio sobre la creación de la reserva marina de interés pesquero de Cala Ratjada en la isla de Mallorca que, por supuesto, tuvo la oposición frontal del sector náutico y el turístico... hasta que resultó que la reserva generaría diez veces más beneficios que los costes de mantenimiento. Los que se oponían a la reserva, ahora la aman, pese a que, si por ellos hubiera sido, todo el mundo sería más pobre y aquellas aguas estarían más degradadas con un futuro pésimo. 

¿Cuántos de los que ahora hacen negocio -en el buen sentido de la palabra- con la explosión de empresas instaladoras de placas fotovoltaicas miraban con incredulidad -en el mejor de los casos- cuando alguien defendía este tipo de energía? ¿Y cuántos de los que ahora se enriquecen -ya a otro nivel- con el desarrollo masivo de esta energía no hicieron todo lo posible porque no existiera?

Dejémonos, pues, de mensajes, positivos o negativos, sobre mares ahogados, colapso socioeconómico, especies que desaparecen para siempre, etc. etc. etc. Hablemos de dinero, el único idioma que nuestra sociedad entiende. Si las cuentas cuadran, tendremos "ecologistas de toda la vida" para regalar, si no, nos pudriremos haciendo las cosas tan rematadamente mal como las venimos haciendo.

Pongamos un poco de música, para suavizar el texto. ¿Se acuerdan de aquella película, Cabaret? Pues money, money... money, money.

domingo, 12 de febrero de 2023

Acuicultura ¿sostenible?

Ya hace tiempo que el término "sostenible" se aplica tan alegremente como otros que podrían hacernos creer que hemos superado los catastróficos problemas que hemos provocado abusando del medio ambiente: "energía verde", "coches sin emisiones", "renovable", "reciclable"... Si bien otros términos -como el de "ecológico" en los alimentos- sí están regulados y su utilización errónea o malintencionada puede costar un disgusto a quien lo utilice falsamente, muchos otros, como el referido, se utilizan cada vez más y a todos los niveles, no sólo empresariales, sino, quizá sobre todo, en los medios de comunicación.

El que provoca esta entrada es el de considerar a la acuicultura "sostenible". Empecemos por decir que algo es sostenible por sí mismo, no en relación a otras cosas. Que la producción de carne o la agricultura industrial para alimentarnos sea "insostenible" y la acuicultura -según y cómo-, lo sea menos, no le da la categoría de SOSTENIBLE. Que hay que comer, de acuerdo, pero sin mentiras, que producen úlceras.

La acuicultura, según y cómo, puede repetir, y repite en muchos lugares del mundo, los vicios y aberraciones de la ganadería industrial -hacinamiento, utilización de medicamentos, engordes artificiales, contaminación, etc.- además de destruir la naturaleza cuando, por ejemplo, se utilizan manglares para la cría de pescado. ACUICULTURA DE ESPAÑA es una realidad que parece profundamente interesada en realizar su actividad de una manera sostenible -medioambiental, social y económicamente- y en esta "noticia" se podían leer palabras alentadoras sobre cómo realizan esta práctica  con respecto al trato de las aguas:

"...Y eso lo hace a la perfección la acuicultura, porque no solo se sirve del agua natural, sino que la trata antes de devolverla a los ríos para que regrese en mejores condiciones. Por su parte, los viveros situados en el mar también eligen entornos con corrientes para oxigenar el agua de forma natural. Así lo hacen, por ejemplo, en El Campello, en Alicante."

Los datos de su web también hacen ganar por goleada este método frente a la producción de carne de pollo, cerdo o vaca, tanto en emisiones de efecto invernadero como consumo de agua y, algo fundamental, índice de conversión alimenticia, la relación entre la cantidad de pienso necesario y el alimento producido. Porque sí, esta es la madre del cordero en la acuicultura, pues podemos tener aguas limpias, métodos saludables pero ¿y lo que comen los peces? ¿La proporción, la procedencia? Se me viene a la cabeza lo que ocurre con los coches eléctricos, que no contaminan in situ pero pueden arrastrar una terrible contaminación detrás de la energía eléctrica que utilizan.

Según la web de ACUICULTURA DE ESPAÑA, para obtener un kilogramo de salmón se necesita entre 1,2 y 1,5 kgs. de pienso... Pero, ¿de qué están hechos esos piensos? Una investigación de Greenpeace calculaba que para conseguir un kilogramo de harina de pescado para alimentar salmón de acuicultura se necesitaban cuatro o cinco kilogramos de pescado capturado, principalmente, en aguas africanas. Enormes buques del Primer Mundo pescan de manera "insostenible" pescado, que puede dejar sin recursos a los pueblos que habitan esas costas y arruina la economía de sus habitantes -algo que no cuadra con ninguna "sostenibilidad social"-

¿Es el caso de ACUICULTURA DE ESPAÑA? Nos gustaría saberlo; y hay una manera de enterarse. Continuará...

domingo, 6 de noviembre de 2022

Nos estamos olvidando del agua

En estos revueltos tiempos -que algunos aún quieren ver como un capítulo más que se acabará olvidando- hablamos de, y nos preocupan, temas tan cotidianos como la escasez de gas, la posibilidad de apagones, el precio de la electricidad o si tiritaremos cuando llegue, si llega, el frío. Todo ello pertenece, sin dejar de ser prosaicos, a unas profundas reflexiones que deberíamos haber realizado hace mucho. Y es lógico, ya digo, que nos preocupe el precio, la escasez o el desabastecimientos de materias primas que creíamos infinitas o, al menos, permanentemente aseguradas... Pero nos estamos olvidando de la más importante -sólo superada por el aire-.

Cierto que la posibilidad de pasar frío, no poder cambiar el coche, tener que racionar la electricidad o que el móvil ya no sirva -por moda u obsolescencia programada- es grave, pero es que sin agua tenemos  los días contados. Sin agua nos morimos, directamente, sin agua no se pueden producir alimentos, sin agua nos enfrentamos a muchas enfermedades. Aún así, y metidas de lleno en una terrible sequía, el agua está en segundo plano y eso que no sólo se trata de que haya agua sino de que ésta sea potable, un "más difícil todavía".

Anticipar, para quien no lo sepa, que la reducción de la disponibilidad de agua dulce no es un problema de ahora ni lo va a resolver una temporada de lluvias, que el panorama futuro se presenta peor aún -menos agua, más personas demandándola-, que el cambio climático atiza la mala situación y que es otra altísima amenaza para la amenazada paz mundial. Así las cosas, y por duro que resulte, vamos a fijarnos sólo en dos cuestiones, una nacional y otra internacional, donde el agua debería representar una de las grandes prioridades, si no la que más. 

En nuestro país -sumidos ahora mismo en una sequía que nos hace soñar con la lluvia- el problema no es sólo la escasez de agua en gran parte del territorio, un problema que no hace más que agrandarse, sino la mala calidad, por contaminación, de los acuíferos que, en muchos casos, son la principal fuente de suministro. Hace un mes la organización ecologista Greenpeace lo documentaba sobradamente, ofreciendo un panorama de un 44% de las masas de aguas subterráneas en mal estado y buena parte del resto en riesgo de estarlo. Esto puede ser por cantidad -se extrae mucha más de la que se repone lo que hasta el más lerdo entiende que lleva al agotamiento-, por contaminación, -especialmente de nitratos procedentes de una agricultura insostenible que lleva décadas lastrando su propio futuro, aunque también se encuentran en las aguas que deberíamos beber pesticidas y plaguicidas y metales- y la salinización de aguas subterráneas donde, por el mal uso de los pozos, el agua salada se mezcla con el agua dulce.

Quizá más grave todavía es que con esta situación y esas evidencias no se dejen de construir piscinas privadas -lógico, los veranos cada vez son más calurosos y largos-, se mantengan trasvases para cultivos insostenibles, como decía, o la agricultura no se autorregule, aunque sólo sea por la cuenta que le tiene. Vemos el agua como algo que sale por el grifo y mientras salga no queremos ver nada más, aunque la próxima vez que abramos sólo salga barro.

Vayamos ahora fuera de nuestras fronteras a ese mundo que flirtea a diario con una guerra de efectos catastróficos para hablar de conflictos semejantes al, según los medios, único existente, y que se alimentan, o tienen pequeños estallidos de momento, en relación directa con la escasez de agua dulce y potable. Obviamos, sólo en estas líneas, todos los conflictos de menor interés para nuestra opinión pública y terribles para las personas, que ya están en marcha por la escasez o ausencia de agua -la invisible guerra de Darfur tiene sus raíces en la disputa por el agua y la olvidada de Siria tuvo su detonante en terribles años de sequía en el Creciente Fértil, otros muchos latentes y sin relevancia mediática o todo lo mucho que tienen que ver las sequías en las crisis de refugiados y emigrantes que aspiran a llegar a Europa. Todo ello para irnos al Asia Central, un polvorín que, éste sí, nos puede acabar preocupando en el mundo desarrollado.

Tratemos de resumir la situación: los recursos hídricos de la región se basan en dos ríos, el Amu Daria y el Syr Daria. Ambos desembocan en lo que queda del otrora cuarto mayor lago del mundo, el mar de Aral. Como se ve en el mapa adjunto, parten de Kirguistán y Tayikistán y pasan, de diferente manera, por Turkmenistán, Uzbekistán y Kazakistán. En la relación de riqueza en recursos naturales, los dos primeros son ricos en agua pero los otros tres son ricos en hidrocarburos. En resumidas cuentas, unos tienen agua y otros energía.

Durante la Unión Soviética no había problemas -aunque la explotación de estos ríos por el régimen soviético para el cultivo de algodón acabó casi destruyendo el mar de Aral, provocando una descomunal pérdida de recursos alimenticios en la región y dando lugar a una catástrofe medioambiental-: toda la zona era una unidad controlada desde Moscú y los recursos eran compartidos entre todos. Acabado el régimen soviético, surgieron estos cinco países con intereses contrapuestos. Los que tienen energía obtienen mayores beneficios vendiéndola al exterior y sumiendo en escasez energética a Kirguistán y Tayikistán que, en ese caso, bien para presionar a sus vecinos ricos en gas y petróleo, o para surtirse de energía hidroeléctrica, construyen presas o reducen caudales según convenga.

Esta es una situación completamente explosiva cuando estamos hablando, simplemente, de que puedan comer, beber o calentarse millones de personas -o simplemente no morir en un hospital por falta de electricidad- y es fácil suponer lo catastrófico que resultaría un conflicto en esta zona para el resto del mundo. Un conflicto, por otra parte, que ha tenido ya suficientes episodios para poder estallar en cualquier momento -más como está el patio y las ganas de muchos de entrar en guerra o que otros entren por ellos. A modo de anexo, relacionamos algunos de los "incidentes" que se han dado en años pasados en la región, directamente extraídos del IGADIObviamente una cada vez menor disponibilidad de agua -incluso en regiones que siempre hemos asociado a grandes lluvias, ríos, lagos y acuíferos- acrecienta el riesgo de estallidos bélicos en esta zona y su contagio a muchas otros países.

Sin duda no debemos obviar los graves problemas energéticos que hemos creado y que, precisamente la lucha por acaparar los que quedan, disfrazada siempre de nobles sentimientos, no hace más que encarecer, pero el "sin agua no hay vida" debería estar presente en cada una de nuestras grandes y pequeñas decisiones a nivel personal, como sociedad y de los gobiernos que tenemos. El riesgo que corremos no debería tener que explicarse más.




ANEXO

En 1993 el uso por Kirgyzstán de aguas del Syr Darya para la producción hidroeléctrica en invierno causó escasez de agua en toda la zona irrigada de Uzbekistán. Si Tadjikistán y Kirgyzstán reducen –debido a las presiones- esta fuente de energía incrementan su dependencia del carbón kazako o del gas uzbeko pues no cuentan con combustiles fósiles suficientes. En consecuencia Kazakhstán y Uzbekistán los usan como un medio de presión y sus exportaciones son muy irregulares.

Los tadjikos cierran frecuentemente el canal Bokent, que abastece a la provincia uzbeka Batken.

En represalia por la suspensión del envío de gas uzbeko a Kirgyzstán en el invierno 1998-99, los kirguises abrieron el reservorio Toktogoul e inundaron la mayor parte de los campos uzbecos. El siguiente verano limitaron el volumen de agua enviado, destruyendo una buena parte de los cultivos uzbekos. Incidentes similares se reiteraron en 2001 con catastróficos resultados.

Por otra parte, Uzbekistán tiene algún control sobre el abastecimiento de agua al sur de Kazakhstán, que en algunas etapas ha reducido, provocando protestas de los campesinos kazakos así como disputas gubernamentales entre ambos Estados.

Uzbekistán también empleó medidas de retorsión contra Tadjikistán, negándole abastecimiento de gas y también el acceso a las rutas uzbekas que Tadjikistán requiere para comunicarse con territorios propios.

En julio 1997 Kirgyzstán dejó de considerar al Syr Darya como un bien común, codificó y gravó el derecho a su uso y demandó a los Estados de esta cuenca ayuda financiera para mantener reservorios instalados en su territorio. Además indicó que si Uzbekistán no pagaba, vendería el agua a China.

domingo, 14 de agosto de 2022

Abandonad toda esperanza

Hace unos años durante una entrevista radiofónica me preguntaron si, ante al desastre medioambiental al que nos enfrentábamos, tenía esperanzas. Yo les dije que sí las tenía si de manera inmediata y con contundencia nos poníamos a hacer lo que la situación requería pero que si seguíamos sin reaccionar, no había esperanzas.

Desde entonces, aunque son pocos años, algunas cosas han cambiado radicalmente. Los efectos del cambio climático, del agotamiento de recursos no son ya algo que ocasionalmente aparece en el telediario en algún país de esos en los que "siempre pasan cosas así" ni son una situación estacional -calor e incendios en verano-, sino que ya nos golpean a los del Primer Mundo -los que acaban tomando las decisiones- de manera cercana, recurrente y contundentemente. Poca gente habrá -al margen de los que no saben o no quieren saber y de los puramente malintencionados- que si les hablas del calentamiento global y el cambio climático te vayan a mirar como a una loca -como sí lo hacían no hace tanto tiempo-. "Pues lo mismo tenían razón", ya piensa mucha gente después de ver arder los bosques de España o Francia -hasta ahora al margen de esos problemas-, soportar semanas y semanas de calores que no recuerdan ni los más viejos o ver en amarillo la campiña inglesa -otros que parecían a salvo.

Esto debería darnos esperanza para que, de una vez y de verdad, y todo el mundo junto, hagamos lo que hay que hacer, sin medias tintas, falsas promesas o automentiras... Por si alguna duda hay de que ni es, ni parece que vaya a ser así -que no pasaremos de echarnos las manos a la cabeza y mirar a los lados, a ver a quien le podemos echar la culpa, aunque con eso no se arregle nada- la reacción a las recientes medidas aprobadas para ahorrar gas nos pueden echar "el alma a los pies".

Recordemos, para empezar, que esas medidas -límites al aire acondicionado y a la calefacción en lugares públicos, apagado de luces a determinadas horas de escaparates o edificios vacíos, cierre de puertas a la calle cuando funciona la calefacción o el aire acondicionado- no buscan luchar contra el cambio climático o frenar el derroche de una energía que se acaba, sino cumplir con unas obligaciones-recomendaciones europeas para que el gas ruso no siga siendo una medida de presión. 

¿Y cuál ha sido la respuesta de la sociedad al único esfuerzo en años amplio y realmente efectivo, aunque tímido y apocado? Oponerse por todos lados, de todas las maneras, aunque se acabe cumpliendo por miedo. Exigimos nuestro derecho al aire acondicionado por debajo de los 27 grados -y recordemos que en nuestros hogares estas medidas no entran- aun a riesgo de que a otro calurosísimo verano puede que no lo podamos poner, por citar un ejemplo.

El ahorro energético, por cierto, es la primera clave, y la más efectiva, para enfrentar la que se nos viene en cuestiones energéticas, por delante de la eficiencia energética incluso, o el desarrollo, nunca plenamente posible, de las energías de fuentes renovables, y más que los inventos que nos seducen, aunque tantas veces no sean realmente efectivos -coches eléctricos, hidrógeno verde...

Pero no, que ahorre el vecino, parece ser la sentencia final y eso me lleva a recordar las palabras que encontró Dante escritas en una puerta al llegar al Infierno: Abandonad toda esperanza, porque prácticamente siempre, por muy terribles que sean los problemas, puede quedar la esperanza de que si todo el mundo se une y lo enfrenta decididamente, pueda haber alguna posibilidad de ganar, o perder menos. Las esperanzas son sentimientos, pero si no se apoyan sobre una base real, de poco sirven. Si el más pequeño esfuerzo para arreglar esto sólo recibe contras y se admite a la fuerza, nada podemos esperar, porque nadie diferente a nosotras puede arreglar lo que nadie diferente a nosotras ha roto.

domingo, 22 de mayo de 2022

Volviendo al carbón en la era de la "descarbonización"

En mi tierra hay una expresión, ya en desuso, que es "se acabó el carbón" que se utilizaba cuando ya no se podía continuar con una actividad y que, por suponer, debe de estar relacionada con trenes que ya no podían continuar su recorrido. En nuestro mundo uno de los combustibles con más reservas, seguramente el que más, es el carbón que, a la par, es el mayor causante de emisiones de CO2 en su combustión.

Ninguna empresa que se precie, ningún político que aspire a algo, dejará de "apostar firmemente por la descarbonización del sistema" y hasta tenemos a personajes públicos, dirigentes de grandes empresas contaminantes, como José Ignacio Sánchez Galán, presidente de Iberdrola, recientes adalides de la descarbonización... pero una vez más a las palabras, o a los grandes acuerdos, como los que cierran todas las COP, se las lleva el viento. En este caso, el viento de la guerra, el descubrimiento de que la malvada Rusia tiene cogido al democrático Occidente por sus partes nobles en materia energética con el petróleo y, sobre todo, el gas, y hay que liberarse de ese yugo que Europa se puso voluntariamente. Como la falacia de utilizar el gas norteamericano -incluso el nigeriano y el qatarí- se sostiene sólo durante un rato, el plan de sustitución -seguramente imposible como lo tenemos montado y queremos seguir teniéndolo- hace volver a uno de los malos de la película, el carbón, y a guiñarle un ojo a otro, la energía nuclear -que a la mínima nos la presentarán como verde... y limpia.

Pero no nos engañemos, pese a proclamas, acuerdos y decisiones, el carbón sigue teniendo un peso fundamental en la economía y en la producción y consumo energético mundial. Cerca del 40% de la energía eléctrica se produce con carbón y las previsiones postpandemia que hacía la AIE eran de crecimiento del uso de este combustible. Es cierto, China y la India son los mayores responsables del consumo de carbón, tan cierto como que un altísimo porcentaje de sus emisiones de CO2 son nuestras, deslocalizadas para producir más barato lo que nuestra insaciable sociedad consumista necesita para no hundirse.

Así que, entre que lo que se acuerda no se cumple, se cumple despacio o tarde, y los pasos atrás que guerras, crisis y mantenimiento obcecado de no apostar, más allá de las "renovables", por el ahorro y la eficiencia, por el cambio radical de lo que hacemos, nos encontramos en una sucesión de círculos concéntricos cada vez más estrechos, en medio de los cuales estamos.

domingo, 27 de febrero de 2022

Doble trabajo para defender el medio ambiente

Las personas que por uno u otro motivo llevan décadas defendiendo el medio ambiente y la naturaleza y esforzándose en que todo no se vaya al traste han enfrentado siempre la incomprensión y la indiferencia de quienes no entendían o no querían entender lo que explicaban y porqué lo explicaban. También han sufrido la animadversión de personas o sectores a los que sus propuestas y discursos mermaban privilegios o beneficios. Se encontraban así en un erial que tenían que recorrer con el poco apoyo de algunos éxitos aislados y de las otras personas comprometidas en esa lucha.

Las cosas han cambiado en los últimos tiempos: los hechos, que nos van golpeando en la cara, hacen más fácil hoy en día explicar el qué y el porqué y encuentran mayor respuesta en algunas personas y sectores, ya sea por pura supervivencia. La animadversión, en cambio, aumenta, porque las propuestas son ya hechos, y su envergadura, ante la gravedad de nuestra inacción de tantos años -que no cesa, no obstante- las hace más drásticas. El erial sigue siendo erial, pero a veces corre una brisa pero...

A ese trabajo de siempre se ha unido otro que consume fuerzas, energía, ánimo toda vez que la sociedad, las empresas, los gobiernos se han hecho "supuestamente" sostenibles, ecológicos, comprometidos contra el cambio climático, etc. etc. Toca ahora, a quien quiera continuar o iniciar su defensa del medio ambiente -de quienes lo habitamos, vaya- dedicar mucho de su tiempo a destapar mentiras y mentirosos, a señalar la hipocresía de grandes destructores de la naturaleza que abanderan la lucha medioambiental -siempre ganando-, falsas prácticas que favorecen a la naturaleza aunque la siguen machacando y ofreciendo ganancias económicas a sus promotores, modos y maneras de empresas y gobiernos montados exclusivamente para lavar su imagen, etc. etc. etc.

Porque no, el gas y la energía nuclear no son "energías verdes" como pretende la Comisión Europea, no, señor presidente Sánchez, no es compatible estar completamente comprometido contra el cambio climático y defender a ultranza el consumo de carne -o lo uno o lo otro-, no, no se puede hablar de "parque verde" en el transporte urbano madrileño por tener 1.552 autobuses que funcionan con gas -combustible fósil y emisor de CO2-, no, Iberdrola, no se puede considerar uno líder global en acción climática por invertir dinero, también, en energías "renovables" para seguir rompiendo recórds de beneficios... Y así una, literalmente, interminable lista de falsedades, medias verdades, sucias mentiras y personas, empresas y gobiernos que definen perfectamente el concepto "sin vergüenza".

No es por desanimar a nadie, pero quien se quiera sumar a la lucha por el medio ambiente y la naturaleza -y no hay otra, si queremos llegar a alguna parte- debe ser consciente de que se va a pluriemplear -y además gratis et amore- por tiempo indefinido. 

lunes, 10 de enero de 2022

La carne contraataca

La industria cárnica y la ganadería industrial -la que trata a los animales como cosas- tiene miedo de un tiempo a esta parte: las evidencias científicas proclamadas por reputados organismos internacionales sobre los riesgos de consumir carne y sus recomendaciones de reducir el consumo, las continuas evidencias de las indignas prácticas que se realizan contra los animales en muchas granjas y mataderos y las, también, evidencias de la contribución de esta industria al calentamiento global y a la contaminación de aguas y suelos han hecho recular a muchas personas consumidoras de carne -la inmensa mayoría- y reducir o abandonar el consumo de estos alimentos.

No tienen porqué asustarse, no obstante. Pese a que en nuestro país el consumo de carne llevaba descendiendo desde hace unos años, la pandemia lo ha reanimado, a nivel mundial sigue subiendo y las granjas de nuestro país no sólo se ocupan de la producción nacional sino que sirven para cebar animales que luego vuelven a sus países de origen para ser "sacrificados" -¿por qué preferirá la industria cárnica europea ese trasiego hacia España?- o para exportar carne al insaciable mercado chino.

Aún así esta industria y sus adláteres disparan a la mínima ocasión contra todo lo que se mueve en contra de sus intereses, sean opiniones, estudios o leyes. Una de sus dianas preferidas es el actual ministro de Consumo, Alberto Garzón, para ello no reparan en nada, desde manipular declaraciones en otro idioma hasta mostrarse como mártires de una causa que sólo a ellos beneficia. Las recientes palabras del ministro calificando de "peor" -y no mala, como los medios de comunicación, que deberían saber inglés, repiten como loros- la carne producida en macrogranjas -palabras que favorecían los otros tipos de producción cárnica, aunque todos se han echado en su contra- han desatado una campaña a todos los niveles para acabar definitivamente con él.

Veamos los actores principales de esta campaña:

-el presidente en funciones de Castilla y León, en pleno proceso preelectoral. CYL ha pasado de tener 67 municipios vulnerables por contaminación por nitratos en 2009 a 387 en 2020 y casi un tercio de sus pueblos superan los límites de nitratos en agua potable -lo que, por cierto, es perjudicial para la salud humana- Pese a todo, su presidente está más preocupado por las declaraciones de Alberto Garzón que porque, mientras las medidas aplicadas en su Comunidad para solucionar estos problemas han sido insuficientes -y por ése y otros motivos, la Unión Europea llevará a España a los tribunales-, no se dejan de conceder autorizaciones para macrogranjas.

-la "España Vaciada", aunque en realidad han sido algunos supuestos representantes de esa parte de España, porque son muchos otros de la sociedad civil los que se oponen reiteradamente a proyectos de macrogranjas industriales, que apenas crean empleo, liquidan explotaciones más modestas y envenenan el agua de la que tienen que beber los habitantes de la España Vaciada. Quizá los portavoces de esas quejas no están muy lejos de quienes quieren aprovechar ese despoblamiento para rematar esas tierras llenándolas de cerdos y saturándolas de purines, con la falacia del crecimiento económico y aprovechando que nadie mira.

-ganaderos en general que, en mi opinión, mejor harían en vigilar todas las malas artes de parte de sus colegas que desprestigian sus explotaciones poniendo en el mercado carne insípida o que se "evapora" en parte por, sí, su mala calidad o agruparse para que las grandes empresas, como en muchos otros sectores, no acaben definitivamente con cualquier competencia.

-la industria cárnica y los grandes ganaderos, todos ellos profundamente ofendidos por unas palabras pero muy tranquilos por todas las manchas que pueblan la historia de su negocio (clembuterol, antibióticos para el engorde, vacas locas) y, sin duda, perjudican nuestra salud y suben sus cuentas con carne barata. Eso por no hablar de las continuas humillaciones que se destapan sobre los animales de los que viven o la fabricación de engendros desnaturalizados en pos de "fabricar" carne a mansalva.

Como digo, pese a sus miedos, la industria cárnica y la ganadería industrial deberían tranquilizarse. Siempre tendrán para apoyarlos a presidentes de Comunidades Autónomas -Castilla y León no es una excepción- o hasta presidentes del gobierno, empeñados en no cambiar el paradigma de una alimentación insostenible a todos los niveles, aunque contravenga sus supuestos planes de transición energética y lucha contra el cambio climático en la que no cabe seguir comiendo carne como si no hubiera un mañana.



domingo, 2 de enero de 2022

¿Nadie va a hablar del tiempo?

Hablar del tiempo es lo más socorrido cuando se está con desconocidos o conocidos a los que se lleva mucho tiempo sin tratar para iniciar una conversación o superar un momento incómodo. Hablar del tiempo -del clima, de las alteraciones impredecibles e incontrolables al que lo estamos sometiendo con nuestra manera de vivir- debería ser una ocupación habitual, por la cuenta que nos tiene.

Es cierto que en esta fechas navideñas tenemos muchas cosas de las que hablar: del desbocado avance de la pandemia, de los contagios, de la saturación del sistema sanitario, de cómo o con quién comemos o cenamos en las fechas más destacables de estos días pero, ¿y del tiempo no vamos a hablar, no vamos a llevarnos las manos a la cabeza por temperaturas altísimas para la época, ausencia casi total de las necesarias heladas, etc. etc.?

Pues no, o no se habla o se habla como tantas veces: vemos a una meteoróloga anunciando con una sonrisa las navidades calurosas -¿sonreirá igual ante la noticia de un devastador incendio, unas inundaciones que ahoguen a varias personas, unos nunca vistos vendavales que arrasen con todo?-, a gente celebrando el poder estar bebiéndose una caña en una terraza de cualquier lugar de España el 31 de diciembre o bañándose en casi cualquier playa en Año Nuevo... para refrescarse. Cuando lleguen las Filomenas, las sequías o los destrozos de bienes y vidas porque "el tiempo está loco" no nos servirá de nada echarle la culpa a las multinacionales -recurso favorito para limpiar nuestra conciencia en tantos casos- Ni tampoco la fotografía en la playa con el gorro de Papá Noel.

Deberíamos hablar del tiempo... y más que hablar.

domingo, 28 de noviembre de 2021

¿Hemos llegado a donde íbamos?

Al mismo tiempo que estamos asumiendo -empezando por las empresas productoras de petróleo- que los combustibles fósiles en los que se ha basado -y a los que está enganchada- nuestra sociedad comienzan a acabarse, son mucho más costosos de conseguir y los que van quedando son los de peor calidad -primero cogimos lo fácil y bueno, lógicamente- y que, aunque muchos no lo reconozcan, mantener el consumo de éstos -petróleo, carbón, gas- nos aboca -de hecho ya lo notamos- a una serie de catastróficas desdichas sobre las que no tenemos control... nos estamos topando de cara -de morros, podríamos decir- con que las alternativas tantas veces demoradas y retrasadas dejan mucho que desear.

Por un lado, con todas sus terribles consecuencias, no hay mejor combustible que el petróleo; es algo objetivo que lo único que quiere decir es que es muy difícil -aunque imprescindible- sustituirlo. Por otro, por mucho que nos hayan dicho -ecologistas incluidos- la energía solar, eólica, hidráulica, como la entendemos, no son ni renovables, ni limpias ni verdes. Su utilización para producir la energía que consumimos altera la naturaleza, consume minerales y materiales finitos cuya extracción y transporte son muy contaminantes y necesita otros materiales cuya obtención causa daños semejantes al medio ambiente a los que causa la obtención de combustibles.

Viene todo esto ante la noticia de que la proliferación de los aerogeneradores, de los molinos de la energía eólica, está deforestando la Amazonía porque -¿quién lo iba a pensar?- sus gigantescas palas se hacen con madera balsa, que se obtiene de las selvas amazónicas. Esta noticia se suma a tantas otras que nos indican que la famosa transición energética o daña el medio ambiente, o no tiene mucho recorrido porque acabará más pronto que tarde con los materiales que necesita -aerogeneradores y neodimio, coches eléctricos y cobalto y litio, etc. etc.

¿Qué hacemos ahora? ¿Hemos llegado donde íbamos? ¿Estamos en un callejón sin salida, en un cul de sac donde no podemos dar marcha atrás? 

Nos han vuelto a engañar... y nos hemos vuelto a dejar engañar, posiblemente. Por que nos han vendido y hemos comprado que la cosa se arreglaba sustituyendo una energía por otra. Después del carbón, vino el petróleo, como ambos eran malos, estaba el gas, que no lo era tanto y ahora, pues renovables sin más... Y no. Esto no va de cambiar un combustible por otro y seguir haciendo lo mismo -o más-, porque seguimos viviendo en un mundo con recursos limitados no renovables y a los recursos renovables no los dejamos... renovarse.

El plan B -sin dejar el A y sin querer ni oír hablar de cambiar el paradigma de ilimitado consumo- eran las energías renovables -sólo cuando ya no hubiera alternativa- y, mientras, hemos cargado el planeta de CO2, residuos, limitado la biodiversidad, etc. etc. invirtiendo e investigando poco en lo que era más lógico dentro de un mundo limitado: ahorrar lo que teníamos y aprovecharlo mejor. Lo que viene siendo ahorro y eficiencia energética.

¿Y ahora?

domingo, 24 de octubre de 2021

Próxima farsa: Glasgow (COP26)


Allá cada cual con lo que quiera creer o con lo que quiera ilusionarse, y no digo yo que de la COP26 a celebrar dentro de unos días en Glasgow no vayan a salir cosas buenas -e, incluso, que éstas superen los daños que para el planeta supondrá el trasiego mundial de gente yendo y viniendo de esa ciudad escocesa- pero ya, con 25 cumbres encima, deberíamos darnos cuenta de que el mayor beneficio de esas macro reuniones lo obtienen, a nivel personal, empresarial o político, gentes, organizaciones y países que lavan su imagen y ganan para sus propósitos particulares. Para el planeta y la población mundial quedará una cierta, y falsa, tranquilidad, de que se están queriendo hacer bien las cosas aunque lo que se decida quedará muy lejos de lo que urge hacer.

No es esto malmeter ni poner ruedas en ninguna rueda porque cuando pasan las grandes declaraciones y los grandes acuerdos, como tras la celebración del Año Nuevo en la Puerta del Sol, sólo queda el silencio y los residuos, que alguien se encarga de recoger para que no se vean mientras el foco se traslada hacia otra parte y ya no sabemos ni preguntamos qué se ha hecho de "lo nuestro"

Por suerte, a veces, salen noticias, que desenmascaran a quienes se comprometen a tantas cosas y, con las puertas cerradas, hacen lo contrario. A todos oímos hablar de compromisos de reducción de gases de efecto invernadero, de abierta lucha contra el cambio climático pero la realidad es que aumenta la producción y consumo de petróleo -y eso que económicamente va siendo cada vez menos "negocio"- hasta un 110% más de lo debido... Ahí es nada. Además resulta que, pese a tanta declaración y palabrería, a la hora de la verdad, cuando la cosa toca al bolsillo, importantes países (Arabia Saudí, por motivos obvios, Australia, por ser el mayor exportador de carbón, Argentina -superexportador de carne de vacuno- Japón y ¡Noruega!- piden objetivos más suaves en la reducción de los peligrosísimos G.E.I. 

Buen provecho para quien quiera seguir creyendo en estas cumbres, porque la digestión será muy pesada.

domingo, 10 de octubre de 2021

Cuidado con la energía limpia... que mancha

Hace unas noches veía en la televisión un anuncio en el que ofrecían energía barata y limpia. El anuncio viene a decir que como a tus electrodomésticos y a ti os da igual de donde proceda la energía, ellos -la empresa en cuestión- se ocupa de lo que de verdad te importa: energía barata -ahora que la electricidad está disparada- y, de paso, limpia. La empresa anunciante era y es TotalEnergies... "Otra de estas nuevas que están saliendo al albor de la sostenibilidad, las energías limpias, etc. etc." me dije. Pero a mí me sonaba eso de Total... y rascando un poco salió lo que de verdad es TotalEnergies y lo que representa todo este insidioso mensaje de energía "limpia"

TotalEnergies no es ni más ni menos que la petrolera francesa  Total -que también ha conocido diferentes nombres a lo largo de su historia- que ha cambió su nombre hace unos meses para teñirlo de verde. Es una de las más importantes de Europa, cuarta en capitalización en la Bolsa de París, con 10.000 millones de euros de beneficio en 2019, etc. etc. que, simplemente, ha cambiado su nombre para hacer negocio también con todo ese popurrí de energías renovables, coche eléctrico, energías limpias, verdes y lo que haga falta. Y subrayo ese también porque no es que vaya a abandonar su principal negocio, el petróleo, sino que lo va a aumentar pero quiere añadir a sus ingresos los de origen "verde"

Continuamos aumentando nuestra producción de petróleo y gas y también estamos trabajando para que nuestros sitios sean más confiables

dicen sin rubor en su página web, donde también explican su decidida apuesta por el gas -emisor, aunque bastante menos, de CO2-, eso sí, buscando que la energía que consumimos sea más limpia. Para ello no dudan en estrechar la mano de dinosaurios africanos como el presidente ugandés Museveni, inamovibles en el poder, para extraer, en un proyecto en torno al Lago Alberto, 230.000 barriles diarios de petróleo a partir de 2025.

Eso es parte del futuro de TotalEnergies, pero entre su presente, y haciendo dudar del concepto que tienen de "energía limpia" hay otras realidades, como ésta, según su propia información

En Qatar, TotalEnergies tiene una participación en la concesión que cubre el campo petrolífero en alta mar de Al-Shaheen, uno de los diez mayores descubrimientos de petróleo en los últimos 30 años, hasta 2041. Gracias a sus importantes reservas que ofrecen petróleo de bajo costo técnico, este campo gigante rinde 300.000 barriles de petróleo por día, o alrededor de la mitad de la producción de petróleo de Qatar

Pero no es que la actual TotalEnergies haya desarrollado su negocio durante décadas produciendo petróleo, es que esa producción -como siempre ocurre- ha tenido consecuencias más allá de las letales emisiones de CO2. En 2012, el Tribunal Supremo francés ratificó la sentencia que obligaba a la entonces Total a una indemnización de 200 millones de euros como propietaria del petróleo que transportaba el petrolero Erika, que naufragó frente a las costas de Bretaña y provocó una marea negra que afectó a 400 kms. de costa, las muerte de decenas de miles de pájaros y otros muchos daños.

Y aunque ahora esta petrolera se tiñe de verde y abraza los objetivos de reducción de gases de efecto invernadero, la lucha contra el cambio climático y la "transición energética"... le ha costado mucho no dedicarse en exclusiva a la destrucción del planeta; más aún, ha echo lo posible porque todas evidencias y protestas quedaran ocultas. Un informe conjunto de Greenpeace, Amigos de la Tierra, Food & Water y Corporate Europe Observatory la señalaba, entre otras grandes petroleras como responsable de haber gastado decenas de millones de euros en retrasar las políticas en contra de la actual crisis climática.

Como consecuencia de la influencia reiterada de estas empresas a través de sus grupos de presión en Bruselas, las organizaciones firmantes consideran que se ha logrado retrasar y debilitar la acción europea y estatal en términos de políticas climáticas

declaraban estas organizaciones.

Más aún, cinco ONGs y 14 ciudades francesas la han denunciado por "incumplir las obligaciones de vigilancia de sus actividades y las de sus proveedores para luchar contra la crisis climática"

Asistimos, a través de ese anuncio, al enésimo episodio, y quedan muchos, de empresa destructora del medio ambiente que, sin dejar de hacerlo y beneficiarse de ello, se vuelve verde para abrir otra vía de ingresos y mentiras. Juegan, como dicen en el propio anuncio, con que a la ciudadanía, en realidad, no nos importa de donde venga la energía, sino de que sea barata...



domingo, 15 de agosto de 2021

Las grandes empresas se adueñan de la defensa del medio ambiente

Cualquiera que vea un poco la televisión conocerá un anuncio sobre medio ambiente distinto, atrevido. Niños, niñas y jóvenes que miran directamente a la cara, que piden medidas contundentes e inmediatas, que echan en cara el desinterés por la crisis climática y la degradación del planeta. Todo con una bella factura y excelentes imágenes. ¿Quién está detrás: ¿Greenpeace, la ONU, el IPCC? No: The Climate Pledge que, de momento, ha conseguido que 114 empresas -seis más que en el anuncio; esto funciona-  acepten el reto de hacer algo de una vez para no colapsar el planeta...

En el mismo anuncio aparece claramente uno de los dos cofundadores de esta asociación que pretende una emisión neta nula de carbono para 2040... Amazon. Recordemos, por si hace falta, que el negocio básico de una de las empresas más poderosas del mundo y que han convertido a su dueño en uno de los hombres más ricos no sería posible sin dañar sistemáticamente el medio ambiente y el planeta. Vender cualquier cosa y llevarla a cualquier lugar del mundo en muy poco tiempo implica continuos, enormes y masivos desplazamientos, una producción incesante de productos y consumo de materias primas y un derroche sistemático de esos productos -para tener de todo en cualquier momento hace falta un altísimo stock que sólo es rentable si lo que sobra se tira después. Más allá del daño que produce Amazon al planeta está que, simplemente, no podría existir como tal sin causar ese daño.

Vamos a otro anuncio sonrojante e insidioso. Con motivo de los recientes JJ.OO. Iberdrola -por cierto, una de esas empresas que se está enriqueciendo con los altísimos precios de la electricidad que sufrimos estas semanas- se jactaba en él de estar abriendo el camino de la igualdad en el deporte... ¡como ya había abierto el camino de las energías renovables! (¿Por qué será que Greenpeace se refiere a esta multinacional como "Ibertrola"?)

Iberdrola ha "tirado" para su producción de lo que ha hecho falta y ha invertido en "renovables" cuando, de una u otra manera, le ha sido rentable. En 2019 sólo el 37% de la electricidad que facturaba era de origen renovable mientras  una cuarta parte procedía de la utilización del gas y un 22% de la energía nuclear. En 2017 solicitó cerrar sus dos últimas centrales de carbón.

Son dos ejemplos de que las grandes empresas se están adueñando del mensaje medioambiental y de la "salvación" del planeta, pese a que sean responsables de gran parte de su destrucción. Y no hablo aquí de greenwashing, consistente en gastar un poco de dinero en aparentar que una empresa -o institución- se preocupa por el cambio climático, la deforestación y esas cosas para tapar sus vergüenzas medioambientales y ser simpático ante el posible consumidor crítico.

Lo que ahora está ocurriendo -y se sabría que ocurriría- es que estas empresas están empezando a utilizar parte de sus inmensos recursos para tapar todo mensaje distinto a sus intereses -todas las alternativas ecologistas, gubernamentales, científicas, etc.- y poder decir qué está mal -aunque tengan mucha culpa de ello- y, sobre todo, cómo hay que arreglarlo, de manera qué siempre se opte por "soluciones" que les harán ganar más dinero y ocultarán otras consecuencias negativas para el planeta y quienes lo habitamos.

Sólo falta ponerle nombre.


domingo, 18 de julio de 2021

Seguimos sin saber lo que es un río. Ni aquí ni en Alemania

Las catastróficas lluvias en Alemania, Bélgica y los Países Bajos nos están deparando impresionantes imágenes de las consecuencias pero hay una, que se puede relacionar con las causas, que casi ha pasado desapercibida y que debería pervivir en nuestra retina más que las espectacularidad de algo tan terrible.

La señalaba, entre otros, el científico del CSIC, Fernando Valladares y a mí, particularmente, me hacía pensar en un experto en ríos y sus desastres -sobre todo en prevenirlos- como es Alfredo Ollero. La imagen -adjunta- en cuestión muestra cómo la acumulación de agua ha descubierto claramente la zona inundable de un río alemán, por dónde van sus meandros, etc. y resulta que... toda esa zona de inundación está urbanizada por viviendas que, tras las lluvias, han desaparecido bajo el agua o han quedado completamente inundadas, sólo salvándose dos colinas, éstas deshabitadas.

Parece que al igual que aquí, en Alemania hay lugares donde no saben o han olvidado lo que es un río que, hay que recordarlo, no es sólo el cauce por donde circula el agua, sino las riberas y la llanura inundable. Que aunque nunca hayamos visto esas riberas o esa llanura con agua -"en la vida ha llegado el agua hasta ahí"- en cualquier momento el río puede ocuparlas si el caudal lo precisa.

Aquí, no sé si en Alemania también, no sólo ignoramos lo que es un río y construimos por todas partes -50.000 viviendas están construidas en zona de riesgo; también construimos carreteras o rotondas por donde naturalmente pasan o se acumulan las aguas en determinados momentos o encajonamos ríos a su paso por ciudades o zonas industriales. Y el resultado es espantoso, como estamos viendo ahora en Alemania, vemos con frecuencia en nuestro país u ocurrió en su día con la tragedia del camping de Biescas -situado en el cono de deyección de un torrente y donde murieron 87 personas-, por citar un ejemplo conocido.

En definitiva, con estas lluvias hemos vuelto a comprobar, por enésima vez, que enfrentarnos o ignorar a la naturaleza es desastroso para nosotros y que cuando las consecuencias llegan todo nuestro poder y tecnología no pueden superarlo. Pero seguimos haciéndolo y sólo escarmentamos, en parte, cuando las heridas llegan a ser tan grandes.

Para terminar me permito enlazar un artículo propio, de hace años, pero por la información que contiene en referencia a la Guía  publicada en su día por el profesor de Geografía Física, Alfredo Ollero Ojeda, donde daba las claves para convivir pacíficamente con los ríos y que no ocurran cosas como las citadas.

domingo, 14 de marzo de 2021

Apuntes para un libro vivo. Queremos coches eléctricos pero no minas de litio

Empecemos con unas cuantas cosas que están claras, lo que no suele ser un comienzo habitual: el coche eléctrico se presenta como una alternativa ante el cambio climático, para que un coche eléctrico funcione necesita litio, mucho litio en su enorme batería, todo el litio del mundo no será suficiente para abastecer el mercado que se presenta.

Con todo ello debería ser una excelente noticia que en España, si tener que irse a ningún sitio ni importar materias primas, haya un yacimiento de litio. Concretamente en la Sierra de la Mosca, en Cáceres. 9.000 hectáreas de explotaciones mineras que están en proceso de autorización...

Pero claro, resulta que este yacimiento está a tres kilómetros del centro histórico de la ciudad, Patrimonio de la Humanidad para la UNESCO; a mucho menos de otros centros cívicos de la ciudad. Y surge el problema que ha surgido y surgirá ante esta necesidad de recursos naturales para mantener o "transformar" nuestra sociedad de consumo, para que, en principio, sigamos haciendo lo mismo dañando menos el medio ambiente que ocupamos.

Cuando los recursos naturales que, casi sin saber, utilizamos a diario en nuestra vida cotidiana, provienen de fuera, no nos importa o nos importa poco lo que le cuesta a los lugares donde se instala esas explotaciones, o a la gente que vive en ellos, si se respetan los derechos humanos, laborales, el medio ambiente, los "cascos históricos". Cuando nos toca, sin querer renunciar por ello a móviles, coches o calefacción, nos negamos en redondo a que aquí hagan lo que hay que hacer para obtener materias primas imprescindibles.

Nos enfrentamos así a una contradicción que, en principio, resolvemos fácilmente: si logramos que "se lleven la mina", no nos volveremos a preocupar por lo que cuesta a otras gentes y lugares que sigamos utilizando esos minerales. Si no, cederemos o seguiremos luchando. Todo ello, por supuesto, no evitará que sigan sobre nosotros los problemas de fondo: la degradación del medio ambiente en el que nos va la existencia y que está directamente relacionada con la manera en que vivimos y hacemos las cosas... y a la que parecemos no querer renunciar de ninguna de las maneras.

Hidrógeno verde, una revolución que cambia poco

La primera vez que escribí en Raíz y Rama fue en 2020 y lo hice sobre el coche eléctrico, entonces y ahora uno de los baluartes de la tra...