
Y esto es así a nivel mundial por lo que la producción y consumo de aceite de palma -en sus innúmeras denominaciones, muchas creadas para que no nos enteremos de lo que comemos o compramos- se ha disparado, llevándose por delante inmensas extensiones de selvas y bosques, contaminando grandes superficies naturales con los agroquímicos que necesitan, provocando el desplazamiento de personas o radicales cambios en sus vidas y contribuyendo a grandes problemas del planeta y de quienes lo habitamos como el cambio climático, la desforestación o el empeoramiento de las condiciones sociolaborales.
Las periodistas del grupo de investigación Carro de combate se han pateado buena parte de los países donde el cultivo de palma más ha golpeado y nos ofrecen de primera mano un exhaustivo informe en este libro, con el rigor acostumbrado y viendo el asunto desde todos los puntos de vista.
La conclusión final no es agradable: no basta con no consumir aceite de palma mientras estemos cada vez más enganchados a los alimentos procesados. Si no es este aceite se necesitará otro y ninguno es bueno consumido masivamente. Tenemos que ir más allá, cambiar hábitos y exigir cambios con nuestro consumo.